NUEVOS POEMAS




Manual para poetas divinos

Camisa negra bajo terno
opaco.
En su defecto palomita sobre cuello
polícromo y, a ser posible,
chaleco floral y rebeldemente
canalla (sin dicidencia
   ni dispensa).

La mirada lasciva, tanto
como la procacidad que distancia
su lengua del himen de los tímpanos antojados.

Un halo grandioso
abriéndose paso,
un saludo: un
       desprecio,
un afán indecible,
        un hueco.

No transcurre el tiempo que les retiene
más allá de su tiempo preclaro: verso
es,
estrofa, mundo,
uno
inmenso: dios,
naturalmente.



Loja, 13 de agosto de 2017.




Noche en Granada

Se me cuelan bajo los pies
los rostros de sus huellas:
de todos los caminos,
de todas las lenguas
de todos los estíos .

Y un bullicio de alas revolotea entre yo y la noche
en esta hora universal que me desborda,
mientras la ciudad se entrega a mis deseos
desde sus calles.



Granada 10 de agosto de 2017



Cuanto más larga es la senda


Cuanto más larga es la senda

más lejos de mí quedo

y más próximo al final

que allá me espera.



Loja, 27 de febrero de 2017.





Desde mi ventana,

sorprendido por la tarde que se escapa


Con la anochecida

los rayos devienen airoso
  
                                         tumulto
       
                                                       alado
                 
                                pespunteando 

el horizonte:

dúctil coreografía 

entre los azules que se mecen –de poco en poco-

mirada adentro,

preludio melodioso

de los astros que ya se apresuran.


Loja, 11 junio 2017







Con la pureza de mis manos

He labrado


con la pureza de mis manos


la esencia desnuda


de su manto.



He germinado,


gozoso,


los surcos despiertos


de su epidermis voluptuosa.



He recibido,


generoso entre mis dedos,


el fruto palpitante y fresco


de sus entrañas.



He saciado


esta naturaleza de hombre


enardecido


que clama por perpetuarse.



He conocido al fin


la Tierra Prometida


y mi alma, pesarosa,


se niega ahora a perderla.





Loja, 23 de abril de 2017.




Nada ha persistido tanto



Nada ha persistido tanto de la vida

como la propia trascendencia de su muerte.


 Loja, 2 septiembre 2016



Para ser quien tú eres



                                                                              A mis hijos Ángela y Juan María



Para ser quien tú eres,

en la inmensa sencillez que te hace
único e irremplazable,
hubo de nacer el universo de un sueño remoto
disparatado y desconocido.

Que los astros se precipitaran
por un caos omnipotente y luminoso
hasta alumbrar el espacio
y el tiempo que tú ocupas,
que la materia y la energía conjugaran
todos los verbos precisos hasta la palabra
que te define.

Para ser quienes sois
¿cuántas catástrofes sobre el manto
de esta tierra que ahora pisas?
¿cuántos valles fructificando
el germen de vuestras vidas?

Para ser vosotros aquí y ahora,
Ángela y Juan María,
un billón de corazones empujaron
la sangre que brota, regenerada,
por vuestras venas
y que dos seres tan sencillos y únicos como nosotros,
sólo dos aunque infinitos en la memoria,
emprendieran un futuro sin retorno.

Por ser la senda que os lleva
en esta historia inagotable,
un sinfín de batallas ganamos a la muerte,
cuando es ella, en su condena,
quien da nuevo paso a la vida.


Loja, 7 de agosto de 2016
 


No recuerdo de entonces

No recuerdo de entonces
más que lo que tú me contabas
-embelesado entre  tu abrazo luminoso-
algunos años después
en las feroces noches de invierno.

No sé, por tanto,
de aquel dolor necesario,
de tu llanto generoso,
de tanta y tanta alegría sobre tu vientre
al saciar de luz mis principiantes ojos.

Pero se que florecía con tu desgarro
toda tu vida en la mía,
que deseaste tu muerte si fuese necesaria
por amamantar el futuro entre mis labios.

Pero ahora sí, amor mío,
listo estoy ahora para el nuevo alumbramiento, y
-entre mi abrazo luminoso-
te cuento la dicha de cuanto te tuve
y te tengo.

Y en mi desgarro infinito,
si fuera necesario,
me entregaría a las sombras por confirmar
el futuro que te has ganado,
entre mis besos.

Que nada vale más que la llama
que tu corazón encendió en el mío
para siempre
y que en este momento contigo comparto.



Loja, 1 de junio de 2016





Hace ya



Hace ya,

paso demasiado tiempo junto a esta esquina llagada

que tanto temo,

y no puedo asirme –por más que lo intento-

a ninguno de los rostros que bosquejan mis dedos

sobre la pálida tez de las paredes.



Hace ya

que no persigo sortear la esquirla que directa
apunta hacia mi existencia,
que no trato, para continuar mi camino,
evitar la sinrazón que sacrifica
los arrestos de mi voluntad postrera.

Hace ya
que me siento mal –acaso sin dudas-
cuando todo me interroga y no balbuceo,
ni tan sólo,
un monosílabo de socorro o de tristeza,
ni apaleo la indolencia que me atenaza.

Y qué se yo, al cabo,
de esta demora sin defensa,
de esta parodia que se alarga tanto
como mi sombra contra el suelo,
si tan siquiera me duele
el frío que se me mete tan adentro.

Loja, 15 abril 2016
 







Un revuelo de hojas muertas

Un revuelo de hojas muertas
me ha conmovido al alba: en dorado balanceo,
de un tiempo que no es el suyo ni el de ahora,
ha consumado un otoño que se pierde
en el recuerdo de los olmos, tibiamente,
mientras germina una mañana que se apresura a embelesarnos.

El entretiempo de esta juventud irrevocable
se ha fraguado ante mis ojos con la furia del viento,
ha surcado por entre el azahar que proclama
la rebeldía de los tallos y la sangre que fluye prematura
tras el vacío infructuoso del invierno.

Hoy, una primavera libertina e impetuosa
ha teñido de esperanza
la rancia frialdad de ese espacio opaco,
ha removido entre sus entrañas y
provocadora
consagra el pálpito púrpura
sobre las copas de sus brazos.


Loja, 7 de febrero de 2016.





Un poco de paz


Solo necesito un poco de paz,

apenas un minuto entre tanta guerra íntima y suicida,

para dejarme devorar por mis fantasmas

hasta acallarlos,

                              por ahora.




Loja, 29 noviembre 2015





He ensayado hoy

He ensayado hoy
mil maneras de trabar con sentido:
     manos
                   soga
                              tensión
     tiempo
                   aguijón
                               amenaza
      daño
                   miedo
                                fin.

Dispuse conjunciones
verbos
y preposiciones a mi antojo.

Desarrollé sin límite
funciones complejas, variables
y teoremas.

Proyecté sus significados
hacia la indiferencia del espejo ajeno:
          amordazar
          entumecer
          aprisionar
          sesgar...

Y siempre,
a pesar del engaño por someterlas,
a pesar del empeño por mutilar
el veneno de alguna estrofa parricida;
siempre, digo,
se revolvían contra mí.



Loja, 17 enero 2015



Ser yo

Ser yo.

Ser, digamos, alguien cercano
a esta sangre que me corre
a esta presencia de la carne
y la frágil naturaleza
de los hombres.

Pertenecer al pecado original que me une,
desde el alba, a mi anatomía imperfecta.

Ser eso que no toco
y está, que no veo
y es, y de tan tenaz materia
vivir por mí
en primera instancia,
por tí, amor,
enamorado,
por ellos,
que me llevan,
necesarios.

Ser yo, también, en el desacierto
de la noche,
en la oquedad del silencio,
en la urgencia
de caminar sin cordura,
el ciego caminar.

Y serlo a todas horas:
en el insomne parpadeo
de las calles por madrugada,
en el tumulto del fuego que se apaga,
en el suspirar de los otoños centenarios,
y en la aurora exacta de un corazón
comprometido.

Premeditadamente
y sin excusa, por perturbar
las isobaras
que preceden al cataclismo.




Loja, 7 de diciembre de 2014





Para desalambrar la noche

No encuentro ahora
la mirada que me fiaste entonces
para desalambrar la noche.
¿Por qué el frío arrastra
afuera, los ojos precipitados
por el olvido de los hombres?
No encuentro en esta vigilia de canallas
y tripas
una pupila limpia para el alba,
por donde tu te fuiste.

Loja, 10 marzo 2014






Y parece que amaneciera

Penetra otoñal
la luz de la tarde
a punzadas por la persiana,
y una extraña alegría quiebra
el espejo huraño
donde apenas me reflejo.

Afuera, sus voces
llenan de bullicio y colores
el revoloteo que me habita en ese instante
y parece que amaneciera con sus pocos años.

Mas la luz avanza,
tanto como se alejan sus risas
hasta precipitarse
en el silencio opaco,
tal como las horas se acaban.

Y regreso a la sombra
inmovil
que ocupa mis sábanas.


Loja, 16 octubre 2013.




A ráfagas


Rebelados contra la noche,
disparan mis ojos
interrogantes a ráfagas por descubrirse,
mas regresan agónicas
y sin respuesta.

Un aire bélico y denso
recorre entonces
los campos alborotados
de mi conciencia
y nada hace presagiar
-a partir de esa acre bocanada-
la paz
o una calma duradera
siquiera.

Endiablada danza
corriendo por los dedos
de una sola de mis manos,
arpegio sanguinario que ataca
en brutal pentagrama
hastaencajar-
sehastaenca-
jarsehastaen-
cajarsehasta-
encajarsehas-
taencajarse.

Compulsiva letanía
de palabras fragmentadas
por el eco acerado del miedo.
Fuerza centrífuga:
abatido entendimiento.

Una hora de nadie
es este duermevela déspota
y homicida:
ni de los vivos
ni de los muertos.

Podrido, prematuramente,
el fruto de los sueños
infesta un alba
que no acaba de adivinarse.

Un desconsuelo imperioso
y obsesivo
para la luz que se contrae
más allá del recuerdo.
Bruma total. Pretérito imperfecto.

Y una asfixia creciente
e infinita de sospechas
licuando
las órbitas del tiempo.



Torrox, 8 agosto 2013.




Por esperar el milagro


Por esperar
el milagro de reconocerme
he retenido un segundo
mi vida entre los labios
y he sentido atropellarse contra ellos
la colisión infinita
de tanto sufrimiento.

Un retorcido sabor de años y chatarra
ha impregnado
-desde el amasijo de mis días-
mis órganos vitales hasta colapsarlos.

Sólo entonces,
en el último instante
de ese tiempo demorado,
el parpadeo fulgurante y sonoro
de un beso -uno, vuestro-
ha devuelto la inercia a mi boca.

Y ha respirado.


Loja, 22 de junio de 2013









Y si no existes


Muéstrame la luz
la puerta o la vereda
y no
resignación o penitencia.

Y si no existes,
si no eres nada,
cómo olvidar el miedo,
el daño que me provoca tu presencia;
cómo retener el nombre de las cosas
que se escapan a la mentira de tu mirada.


Loja, 1 mayo 2013




Hablaban de mí



Hablaban de mí
tus manos esta noche
al abrazarme.
Y me ceñí a ellas
como la piel entre tus sábanas, por paladear
cuanto tenían que decirme.

No opuse ni un giro, ni el movimiento
apenas de mis labios al regocijarse,
por no distraer las líneas
enamoradas de tu relato... Hasta
el estremecimiento infinito
y último
del punto y seguido.


Loja, 28 abril de 2013








Todo cuanto soy



Todo cuanto soy

se tornó azul a tu paso.

Y te deseé, necesariamente,

como a un redentor sobre las aguas.


Loja, 26 abril 2013




Una parte de mí


Una parte de mi

se ha puesto del lado contrario.

Con ella se fugó el juicio

la firmeza o la razón

para regresarla a mi costado.



Loja, 26 abril 2013








La ceguera

¡Cara a la pared!
           ¡contra el muro!.
           Apresados por la bruma: nosotros,
           y un pánico de piedra
           que cristaliza piel adentro
           hasta coagularnos.

El rastro angosto
           y polvoriento de las manos
           se resiste
           bajo una mordaza de tierra.
           Brotan las lágrimas hasta enjugarse
           en una asfixia salobre
           de ceguera y lodo.

¡Hombres
           reos de los hombres!.

Un tiro de gracia
           inmola la palabra
           descerrajada en una premura de labios.
           Roba el nuevo dios todopoderoso
           la voz
           el aire de las meras criaturas,
           la fuerza, apenas, de nuestras almas.

Una cruz de sangre
           determina nuestras horas
           en la noche de los asesinos
           y un aquelarre de leyes
           y credos
           y sentencias
           nos empuja por la senda de los lobos.


Loja, 31 de marzo de 2013



Exhibicionista


Fue mi primer desnudo aquel instante
en que partí en dos el secreto de mi madre.
La luz me protegía.

Ahora, despojado,
me desnudo cada día con la palabra
y no tengo donde guarecerme.



16 marzo 2013





La ciudad era una isla
 
 
La ciudad era una isla
y yo un viajero invisible
en un vagón de segunda hacia ella.

Devoraba las distancias con mis ojos incipientes
más allá de adivinar, por entonces,
la luz que traerían de regreso.

Desaparecían las noches 
en un afán de kilómetros ingobernable.
Y prendía el cristal empañado por mi aliento
redibujando  mis sueños inmediatos
lejos de las sombras acechantes de afuera.

El paisaje era uno,
un cielo,
un horizonte
en el lugar donde se cruzan los caminos.
Nada cabía hasta tanto.

Ni el deambular sonámbulo de las palabras
entre los pasajeros, 
ni el balanceo insomne de la máquina
distraían la emoción de mi llegada.

Allí estaría, esperándome, inquieta
como la imaginaba,
bulliciosa de ideas, de aire, de almas,
incesante como la vida que renace
cada alba.


Loja, 24 febrero 2013



No


No
es renunciar
a la palabra, al rumor,
al silencio unísono o al ahogo
en primera y única persona.

No
es sentir rígidos los nudillos
-locos de remate-
la palma de la mano desolada
y un vacío de sangre anudándote las venas.

No
es negarte a dar un paso más, a la huella,
a desarmar las puertas, al óxido,
a deshacer la cólera que se quiebra
traquea adentro.

No
es conjugar agonía y nada
inocencia
omisión, todo, apenas
nadie, desenlace.

No
es dejar la letra en blanco,
la letra en blanco,
la letra
la...


Loja, 6 enero 2013



He pensado hacer algo grande


He pensado hoy
hacer algo grande,
algo grande grande,
tan grande que no cupiera
entre las presuntuosas líneas de un poema.
He cortado dos rodajas de limón
y las he colocado sobre mis párpados.
He llorado amarga
ácidamente mientras ultimaba
la sangre fresca y descarnada
de una herida que a todo se niega.
Pero he llorado
sin soltar ni una lágrima,
¡como un hombre!
Hace tiempo habría implorado perdón,
ya no queda culpa, ni engaño.
Una lámpara roja y nocturna,
de sobremesa,
me redimió de las sombras
y paso las horas mirándola
agradecido.
Es su luz la que allana el destierro
que se repite cada noche
ante mis ojos y el alba que llega,
y ese juego de equívocos y ensoñaciones
adormece
la curiosidad malsana de las palabras.
Entre sus filamentos dorados
y mis pupilas median
años de silencio. Tantos
como desde la orilla de mis sueños
al tapete húmedo y graso
de cada día.
He decidido hoy
que he de hacer algo grande,
algo muy grande, sí:
he borrado del mañana
estas horas que lo preceden
y me he quedado
-de un plumazo-
sin aliento para alcanzarlo.
He apartado los labios
del borde naciente de los besos,
he retorcido su incandescencia
hasta desparramarla por los suelos,
y en un último esfuerzo
he descendido de la aurora
el alma milenaria de cuantos fuimos.
Ahora queda hecho.
Grande. Para siempre.

Torrox, 2 diciembre 2012




Un señor oculto


Me giré.
Se giró.
Me enojó su descaro
y que me retara.
Literalmente clavó sus pupilas
sobre las mías,
sin decir nada,
alterando
la expresión de mis dudas
que hizo suyas.
Esta mañana encontré
a un señor oculto en mi cuarto de baño
y salió de él exactamente
como si nunca
nos hubiésemos conocido.


Loja, 11 octubre 2012



La mano


La misma mano
que revienta de dolor
cada vez que escribe:
“ayer te esperé sin remedio”,
y cuando te acaricia
-temblorosa como la primera vez-
parece otra.

La de los versos desnudos
entre las páginas revueltas
de un manuscrito aún palpitante,
compartiendo la duda
mucho más que el silencio,
la razón de ser
o el desaliento.

La misma que se resiste, por ahora,
al borrón amargo de un puño sangrante
y definitivo.
Los mismos caminos que se cruzan
sobre la piel extendida hacia la tuya.

Idéntica mano, ésta, de distancias,
de kilómetros cuando parte
y milésimas cuando regresa, a la espera
siempre
del estigma de los perdedores
y un recurso de alzada no resuelto.


Loja, 26 septiembre 2012




Se busca

Se busca sujeto
altamente peligroso,
sospechoso de tráfico ilícito.

                          Materia prohibida en el doble fondo
                          del cajón donde guardo
                          los recuerdos imprescindibles,
                          en el fondo recóndito y tierno
                          donde atesoro, inaccesibles, los sueños.

Se gratificará a quien aporte
cualquier afecto,
cualquier rasgo, un instante
la tristeza o la ternura
que lleve a su detención y encarcelamiento.
También los silencios que lo acusan
de inhábil rebeldía
o el rostro de los besos a los que sucumbiera.

                         Vivo o muerto pertenezco a mi existencia.
                         Ni la celda más tenebrosa,
                         ni la soledad más asesina harán que desfallezca
                         el contrabandista que llevo dentro,
                         por más que una redada implacable
                         acorrale mis sentimientos.


Loja, 2 septiembre 2012



En cuanto la luz se apaga

Soy otro en cuanto la luz se apaga.
Soy otro en cuanto dejo de sentir su lengua incandescente broncear
la coraza de mis pensamientos:
nada me provoca la languidez energética y fría
de ese desarme lívido que trae la noche más allá
del miedo a no ser,
del pánico a la ausencia de armadura
para este cuerpo que se diluye entre la negrura deshilachada
y ácida que lo carcome.

Y habrá de ser él otro,
en cuanto la luz me apaga,
distinto, 
desconocido
salvo para el vacío 
que la habitación abre para engullirlo.


Loja, 11 mayo 2012



Prisa



Prisa,
tengo prisa
mucha prisa esta noche
de estrellas en desbandada
por las calles ácidas, solitarias y húmedas
del firmamento.

Y no sé por dónde empezar
en este motín -de hombre apenas-
a cielo descubierto,
ahora que nada quiero dejar para mañana.
Por si no amanece.



Loja, 7 abril 2012





Como la huella de sus dedos


Como la huella de sus dedos sobre mi piel.
Tengo confiados mis sueños
al sueño de otro.
¿Qué será de mí
el día que desaparezca?


Loja, 21 marzo 2012 





Poema de amor

 
No sé por qué demonios

habría de excusar que yo,

en este instante,

quisiera descarnar de un tajo

la mirada de los demás sobre mi rostro

y quedarme a solas con tu ternura,

y que no lo hago

por no tener que explicar a nadie

que no estoy loco.




Loja, 4 marzo 2012


No me corresponde


No me corresponde a mí
revelar por qué sollozan mis poemas.

Yo los viví
o ellos me fingieron.

Y ahora, en la distancia,
me deshago de las voces
que los prendieron de mi alma.



Loja, 18 febrero 2012



Indeleble

Indeleble,
el nombre de tus besos
se impresiona caudaloso
como un santoral profano
sobre mi boca.

El linotipista de emociones
sucumbe al acoso de los labios
y una encarnada anarquía se declara,
liberándolo todo,
sobre el estado de sitio de nuestros corazones.


Loja, 25 enero 2012



Solía de niño

Solía de niño
confundir muchas cosas:
unas de niños y otras no.
Creía, por ejemplo, ser siempre mayor
a la edad con que me trataban y mientras tanto
ellos envejecían y envilecían ante mis ojos como el caracol
de un cuento infinito.

Arreció pronto la barba para mis adentros,
siglos antes que en mis mejillas de ángel y no apreciaban
la solidez del hombre que era. Puede
que ellos y yo
hablásemos lenguajes diferentes o mirásemos
hacia otro lado, cada cual
a su ventura.

Conocí el arte antes que el sexo
y hube de callarlo por años y años. Los demás
acariciaron el pubis de las rosas antes de la primavera,
yo hube de esperar al verano de los primeros verbos. Pero fui feliz
porque conocí a un poeta ebrio
que versificaba con sus manos la divinidad de la tierra
y glorificaba con sus pupilas y su lengua
la rotundidad de la carne y sus contornos.

Quise desde entonces crecer conspirando versos
mientras los otros decapitaban pájaros o mariposas,
y reconocí por primera vez la distancia
entre la vida y la muerte
o el designio de los dedos.

Pero fue suficiente para amar por amar
y sentir por sentir
en las mañanas hirientes de sol y anhelos
y temer por temer
y llorar por llorar
en los días grises de soledad y hastío.

Luego, alguien añadió que era pronto
para desconsiderar lo cierto y abrazar los sueños,
que llegaría el tiempo de las luces con el ocaso
y me negué y renegué de su agorero encargo.
Jamás falté desde ese instante
a la libertad como dogma, como un dios apacible
contiguo y certero
que nunca falta de mi bolsillo.


Loja, 1 enero 2012



Un mar de fondo


Un mar de fondo
seduce mis oídos,
el mismo cuyo oleaje
arrastra todo vestigio
de mi presencia sobre la arena.



Loja, 21 diciembre 2011







Quiero recuperar mi sueño


Quiero recuperar mi sueño roto
el de los ojos cerrados
y la mirada abierta.
La oscuridad del alba puede esperar.



Loja 21 diciembre 2011



Por saciar tu deseo y el mío



Hoy parece un engaño que fuésemos felices
al modo inmerecido de los dioses.
-Francisco Brines-


Por saciar tu deseo y el mío
revelaremos la leyenda memorizada en nuestros cuerpos
de cuando fuimos irreemplazables
al modo todopoderoso de las criaturas del edén;
santificaremos el goce infinito de los besos
glorificados en nuestros labios.

Por prender nuestro mutuo deseo
-el de las encendidas madrugadas insomnes-
reivindicaremos, aquí y ahora,
el estremecimiento eléctrico que nos aguarda
en brazos del delirio venidero:
conjuguemos la ingravidez liberada de tu torso
y del mío
con el jadeo galopante de nuestros cuerpos
y recobremos
poco a poco
la mirada
el pulso y el aliento.

Por colmar el afán de tus caricias y las mías
profanaremos versículos
quebrantaremos leyes y mandatos.
Astillas de amor se rebelan en la incertidumbre
de lo celeste y de lo humano
y vencen de pasión incruenta sobre la sombra acerada de los dioses
antigua,
estéril y amarga.

Por salpicar de deseo tu vida y la mía
rompo en mil fragmentos el cristal de la distancia
hasta regocijarse en cada luna un roce
un movimiento
la furia
un océano
un corazón trastornado.

Por anegar la piel del deseo
vamos a incendiar
-sin ánimo de sofocarlo-
el polvorín de nuestros sentimientos,
sin una culpa
sin un tropiezo
sin un pecado.


Torrox-Loja 5 diciembre 2011




Veo tus manos

                                                 A Antonio Gamoneda


Veo sus manos
y en sus extremos un poema,
sacrificado sobre las sombras que le habitan
allá donde lo esculpe y dimensiona.

Mas no son aquellos los versos que nacen como estrofas
y que ahora yo leo mientras pienso
en estas y otras de sus pertenencias,
sino los de este instante preciso
fotográfico
-seguramente oscuro y frío-
en el que se descarnan de él para suceder,
al trasluz de otra noche de insomnio,
en rima concurrente y unísona
con el verbo vida,
con el tiempo vida,
género, sujeto vida...

Veo tus manos
y en sus extremos al hombre acribillado
por la palabra que alumbra o asesina,
insumiso,
rebelde partisano
e indefenso
-su alma es un cuenco rebosante-
al latir de los cielos en una mirada
a la conmoción de los astros en el pecho.

Veo mis manos
y en sus extremos leo:
siento,
soy.


Loja, 10 octubre 2011

 

Septiembre acuchilla

                                                                          Septiembre siempre vuelve
                                                                          (Marisa Peña)

Septiembre acuchilla
como el tajo milimétrico y preciso
de una navaja pendenciera,
blanco o negro, silenciosa
y secuaz alevosía. Sin más verdad
o sí
que una sóla
o no
de entre las dos sendas,
las dos fauces que se abren al filo del acero.

Septiembre es un precipicio
con dos laderas infinitas,
una a cada lado de la cima
a cada lado de la duda:
raramente asoma el rumor
del fondo de piedras que lo sustentan.

Por una de sus pendientes regresamos
a un estío que necesariamente se nos escapa,
por la otra nos precipitamos a la verticalidad otoñal
del tiempo que nos resta y no retorna.
Septiembre es un  cortafuegos pasajero
en el incendio inextinguible de nuestros días.

Loja, 1 de septiembre de 2011.




En el tiempo que le restan
 
En el tiempo que le restan
a estas
mis palabras rotas,
las páginas no escritas desaparecen
bajo el desastre de un índice
terminal y ciego.

Un remolino subyace
a la opaca ausencia
de sus indecibles voces:
revela un corazón aquejado,
un latido con fecha de caducidad.

Bypass enrabiado y homicida,
tosco batir que aproxima un tiempo
infinito
de verbos prematuramente epilépticos.

Apelo a la demencia
por preservar
cuatro nombres propios
cuatro señas
cuatro sueños,
mas la huella violácea de los labios
apenas roza el destino
de los aguijones prestos
como besos envenenados.

Herradas las horas que no sucedieron,
el óxido de los abatidos días ensombrece
una especie de humana culpa,
y la línea que asiera
acaba por consumarse
-grave-
en un caótico y fecundo
agujero negro.


Torrox, 26 julio 2011 




Apareciste
 
Apareciste
y todo se giró azul mar
y noche como tus cabellos
y a ellos me envié
por alcanzar
el mascarón de tu proa.

Así, sencillamente,
así, necesariamente,
como un redentor sobre las aguas.

Torrox, 27 julio 2011


Silencio

Habita sigiloso
entre los seres y las cosas,
no huele ni es visible pero está:
espera.

Me conoce.
Lo conozco
tanto como que existo y soy
tanto como sus inaprensibles movimientos
ante el caos preciso del universo.

Es de polvo de nubes la distancia
hasta el tiempo infinito de los besos:
perjuraste amor
y sobrevino invierno,
mortal abrazo para el anhelo de mis labios.

Mil corazones que tuviera
se desangran en un silogismo acechante y homicida:
en mi naces aunque eras
a mi regresas cuando fui
¿qué fue de los días que me arrebataras?.

Tumultuoso entre tu y yo,
 inexplicablemente extraño me sobresalta,
sospecho,
callo.

Loja, 13 marzo 2011 



Movimiento sísmico

Te   re mato
Te   re meto
Te   re mito
Te   re moto
Te   re muto


Loja, 10 marzo 2011


En el aire desatado


No es probable
que llegue hasta tí el eco sangrante
de estos encarnizados versos
ni que el otoño que me embebe
decline en luz clara ante el zaguán de tus ojos.
Las páginas boquiabiertas de los días que se fueron
combaten por rendirse a tu paso,
por marcar sobre la tierra seca
la raya previa al contratiempo.
Mas, de puño y letra,
en el viento dejé escrito que te quise
dije, que te quiero,
que rompo la obsesión de los nombres y de las cosas
por amarte sin lenguaje que me oprima
sin doctrina que me acalle.
Que rebato la lógica esteril de los hombres
por ceñirme a la pureza tu alegato
por conciliar el sueño necesario.
En el aire huérfano de tus besos,
en el aire desatado.

Loja, 1 de marzo de 2011


Sigo padeciendo de miedo a la muerte


Sigo padeciendo de miedo a la muerte
Sigo anticipando penas y demorando alegrías
Sigo presagiando los días que no llegan
Sigo recalcando palabras para cubrir huecos
Sigo deseando más que olvidando
Sigo recorriendo el mismo viaje de vuelta
Sigo extrañando los besos que se extravían
Sigo soñando en blanco y negro -y en gris casi nunca-
Sigo recuperando el aliento tras la lluvia
Sigo desnudando sentimientos para vestir otros
Sigo en el eterno presente de este instante
Sigo recuperando lágrimas para otros llantos
Sigo descalzándome por descubrir nuevas sendas
Sigo sintiendo vuestra sangre correr por la mía
Sigo amándoos sobre todas las cosas
Sigo viviendo en la misma vida...

Y ha llegado un nuevo año.

6 enero 2011

Primero de uno en uno
Primero de uno en uno,
después presurosamente
en tropel de por medio.
Hoy borré
todos los mensajes de mi correo:
quería re-iniciar una nueva vida.

Ensayé –no obstante-
una especie de epílogo,
por abrazar una despedida
que tal vez nadie extendiera.

Sin saber exactamente a dónde irían
desproveí de respiración a mis palabras
mientras pulsaba la tecla intro
antes de arrepentirme.

Quería impresionar la pantalla,
era al fin y al cabo
una nueva vida,
mi nueva vida,
mas no pasó de ser una pérdida
de tiempo y escritura.

A qué lugar fueron las almas
de las misivas rotas no lo se,
tampoco nadie, tras unos días en blanco
y de silencio,
me preguntó al respecto.

Desconcertado,
me he vuelto a nacer
con el mismo sigilo
con el que no se es nadie,
hasta siete vidas
como los gatos.


Loja, 5 enero 2011.


Recuerdo

Recuerdo.
Sí, recuerdo lo que fueron un día sueños
y la invención de su existencia,
el pecado original de mis deseos
el olor y la hechura de sus coordenadas
la ilusión del tiempo transcurrido
y su tangible residencia entre mis dedos.
Recuerdo, por ejemplo,
el color de los cuadros del pantalón
que –de un día a otro-
me convertía en hombre ante tus ojos
y de tu cola de caballo.
Aparecen
en mi recuperada memoria
escenas coloreadas
de una película sin título que podría ser mi biografía
o pedazos de la tuya compartida.
No son demasiados por ahora,
lo se,
pero están regresando, poco a poco
tras años de distancia y abandono.
Puedo seguirlos con mis manos,
delicadamente dibujarlos,
contenida la respiración
por miedo a despertarlos,
a que huyan y no vuelvan
ni en esta ni en vida alguna que existiera.
Pero temo
que este feliz reencuentro
sea preludio de otro intervalo más confuso
más oscuro y definitivo,
y digo sólo espera porque la crueldad no acuda
a mis ojos y los vele
cual fotografía que muere a la luz
antes -si quiera-
de ser morada para corazones.

Loja, 30 de diciembre de 2010 


Las gotas caídas
Las gotas caídas 
de noche 
sobre el tejado
clamaban ruidosamente
la revolución de la luna,
haciendo de la oscuridad escudo
al fuego de zapatillas,
proclamando la independencia
de las sombras (república popular).
Los gatos negros
son gotas caídas
de noche 
sobre los tejados.
 -1978-

Apenas una sombra
Apenas una sombra:
borroso el aire
y atezada su indecisa presencia,
debatiéndose entre ser presentimiento
deshabitado y ciego
o tenaz sustantivo
de espejos ferreamente leales y claros.

Un cincel perpetúa -a golpes de segundero-
proporción y equilibrio a partes iguales:
residencia para los tiempos inéditos y venideros,
dominio y seña para el ajuar de los juramentos.

Del norte vientos como lanzas presuntas
aceradamente
del sur estériles hechizos como almas
descorazonadas.

Un olor a herrumbre atenazando sentidos
un sufrimiento antecesor a la deriva
el fragor de la desmesura
la tez violácea de las pupilas
al borde del precipicio
un fuego amotinado entre Dios y el hombre
cautivo
y una esperanza atracada de desobediencia
plena
por los suelos.


Loja, 8 diciembre 2010 


Antes de que pierda
Antes de que pierda
todo resto de rebeldía
es la hora de negarme
de enfrentarme al designio irremediable de la muerte
tal como fui predestinado a la vida.

26 noviembre 2010  


Venía de recorrer el límite

Venía de recorrer el límite
-de haber existido-,
de encausar
el último juicio a la manera de los dioses.

Regresaba de traspasar la distancia
que separa la huella indeleble
de la verdad  esquiva,
y sobrevino -sin convocarlo-
el primer impacto.

Fue sordo
inevitable y anónimo
como un hola y adiós
en un cruce cualquiera de caminos:
de tono bajo,
mas sucedió certero aunque inaudible.

Breve el asalto,
presuntamente inócuo e indoloro,
no suscitó oposición
ni alzó en almas la resistencia
la tumefacta persistencia de su abrazo.

Fue de todo menos leve y huraño,
y aunque nada presintiera en ese instante
infartó las cuerdas esenciales de mi existencia:
pobre rudimento humano
del que pende la maquinaria de mis razones
y mis desvelos.

Lo hubiera preferido aurora y no ocaso,
pero no se elige destino
estación de partida, hora o itinerario,
apenas un salvoconducto y un escueto equipaje
para tan largo aunque efímero tránsito.

Fue
-digo-
de afuera hacia dentro
-¿o tergiversé quizás dirección y sentimiento?-
en cualquier caso opaco, profundo
y definitivo al fin,
tanto como taimado.

Ni un sollozo
ni un gemido ni un quiebro: silencio
grave.

Y después otra dentellada y ya una lágrima
y otro golpe y ya el daño
y la herida sucediéndose al zarpazo
y desencajado el gesto
y uno más en los rostros del recuerdo
y aún en la identidad de los sueños
y la mueca desdoblada por el rayo
y mortífera la acerada caricia de sus manos
y más llanto y menos esperanza
y menos aliento y más ausencia
y un envilecido nuevo ataque por certificar la nada
y el desprecio por la vida –mi vida-
y un hálito apenas en mi garganta abrasada por su fuego
y el frío, gélido, coagulado venas adentro
y un silbido siniestro  y plano
tras un corazón abatido por un morse sanguinario.

Loja, 13 noviembre 2010

Afuera
Afuera:
El aire y nada.
Solo de todo.
Ni la frecuencia que reclama el espacio
entre las ondas de los besos que no nacen
o el socorro de los perdidos.
Ni un malherido pensamiento 
que perturbe esa cruenta paz de silencio
y conspiraciones imposibles.
Ni un lanzacorazones que inflame
la resistencia de tanta parálisis obcecada
o el delirio exangüe de las sombras.

Afuera:
Nada y aire.
Todo de solo.
Ni un paso perdido o por arrancar
a ninguna parte
ni que de allí provenga.
Ni un muelle al que amarrar sueños
o instigados desvelos
por desguarecer tanta calma.
Ni el murmullo de un roce
a flor de piel
o epidermis adentro.

Afuera:
Un cataclismo inagotable
para cuanto fue
y  un vacío insaciable para cuanto es.
Y yo.

Loja, 13 octubre de 2010




Avanza
Avanza, sigilosa y tenue,
la luz por las extensiones de tu cuerpo,
ganando beso a beso la mano que atrapar quiere
en este momento dorado todos los sueños.

Se prolonga, este haz de caramelo, por cada rincón
por cada poro, por cada hito de tu espacio y de tu tiempo,
sin más caída, la de esta luz soñadora, que la de sus párpados
por el enloquecedor  aroma de tus cimas y sus descensos.

Por no sobresaltarte
renuncia, esta luz aventurera, al fulgor de sus rayos
y se proclama, sumisa,
perecedera en los confines
de tu dulce y sinuosa y mágica cartografía.

Por honrarte deviene
misteriosa para el perfil de tus ojos,
por desearte transita
de una a otra luna de tu rostro
con parsimonia de eterno enamorado
y, cómo no,
irrefrenable pasión también por poseerte…

Inmensa quimera esta de los juegos
y los deseos, que, esta luz
que no es ya quien era sino quien tu eres
dispone para envidia de los astros
en una batalla incruenta y celeste
desde el universo centelleante y cálido
de tu piel, de tus manos, de tu cintura
y el mar revoloteándote sobre los ojos.

Inédito y necesario
el eco de tus pensamientos,
de tu mirada insondable
en esta tarde de renacimientos
en este instante de revelaciones
en este infinito goce de los sentidos
que a ti debo.

Loja, 08 octubre 2010



Aunque algo más oscura
Aunque algo más oscura y apagada, podría,
si tu me lo pides,
devolverte la rosa que un día compartieras,
pero nunca podrás exigir el alma de su corola:
el aroma que
sorbo a sorbo bebí de tu cáliz,
me pertenece como la vida que ahora te llevas.

Loja, 6 octubre 2010.


Andante ma non troppo
Una pupila
Una puerta
Una mano
Una ventana
Un horizonte
Un camino
Una brisa
Un refugio
Una mirada
Un hombro
Una estrella
Un asombro
Una nube
Un abrazo
Un paisaje
Un beso
Una imagen
Un espejo
Un suspiro
Una silla
Un vuelo
Un océano
Una sonrisa
Una brizna
Un respiro
Una luz
Un paseo
Un corazón
Una silueta
Un guiño
Un quiero
Un quiero
Un quiero

Lo que espero
Lo que no está
Lo que no encuentro
Lo que se fue
Lo que no llega
Lo que se esconde
Lo que languidece
Lo que resiste
Lo que no alcanzo
Lo que no respira
Lo que no se mueve
Lo que no transfiere
Lo que se desvanece
Lo que no palpita
Lo que no siento
Lo que no veo
Lo que no veo
Lo que no veo

La desazón desatada
La tarde que declina
La desdicha que se crece
La oscuridad cercana
La mentira innecesaria
La despedida recelosa
La encrucijada tardía
La negación despiadada
La impotencia severa
La herida persistente
La sinrazón preclara
La desesperanza eterna
La ausencia inmerecida
La aflicción inevitable
La lluvia inerte
La espalda muda
La muralla gangrenada
La sospecha injuriosa
La ceguera
La ceguera
La ceguera

              Y el silencio
              Y el silencio.
              Silencio.


Loja, 29 mayo 2005




He visto la muerte asomada a tus ojos
He visto la muerte asomada a tus ojos
y se me ha nublado la mirada
se me ha reventado el alma
y he llorado como un niño
tanta angustia vieja.



No temo al dictamen del cielo
No temo al dictamen del cielo
o de la tierra,
ni al pavoroso designio de la duda si,
al cabo,
he de llegar a tiempo
para alcanzar contigo tu destino.




Quise mirar la noche
Quise mirar la noche
con ojos de día,
pero la noche
es más noche que la luz del deseo.

Se ahora
que jamás sabré de mí en sus pupilas,
ni tampoco del color de las cosas.

No cabe ya
ni una razón en mí contra el vacío.



Cinco horas más tarde
Cinco horas más tarde
ciento treinta pulsaciones por minuto
y una marea de sístoles y extrasístoles
bambolean mi cuerpo
como un tierno tentetieso. 


Tu voz sabe a cereza 
Tu voz
sabe a cereza,
sabe -amor mío-
a primavera.
Encarnada melodía en tus labios
contagia tus palabras a beso
y por vivir amando
padecer ansío todos tus quieros.

Tu voz
sabe a canto,
sabe -tú: mi pura armonía-
al compás de los vigorosos corazones.
Partitura de color en tus ojos
que me lleva a lo lejos,
y por posarme en sus alas
encadeno mi alma a tus vuelos.

Y si tu voz calla
-¿quién podría quebrarla?-
ensordecen mis sueños
enmudecen latidos
cae al vacío mi aliento:
muñeco roto ya
trazo truncado
homicida invierno.

25 noviembre 2009


He tornado mi tiempo
He cambiado mis segundos
por el latir de tus palabras,
y ya mi tiempo eres tú desde ese instante.

Loja, 20 de septiembre de 2009 


Se cruzan
Se cruzan
reptan
crecen y
se descierran gota
a gota.

Se aman guarecidas
por la inocencia
de los tiempos muertos,
enloquecen
por el abismo de las heridas
que van matando
lentamente.


Arroja a la Tierra
Arroja a la Tierra de su órbita
o mejor
arrójame a mi.
Sabrás, amor,
qué siento sin ti.

23 agosto 2010 


Hace mil años
Hace, amor, mil años que te presiento
te conocí un día aún cercano
y tengo toda una vida infinita para quererte.


Esta noche soñé con ella
Esta noche soñé con ella.
Soñé que, ebrio de su mirada
y del elixir de sus labios, giraba
y giraba cual galaxia en su universo
y fue ella Sol y yo Tierra
y fue ella Tierra y yo Luna,
y danzamos ante la rebelión de los astros
y nos sumergimos en la voluptuosidad
de nuestros deseos.

Soñé que me miraba
sedienta de unos besos
e intenté saciarla en un revuelo de sentimientos,
y me dejaba caer por el vértigo de su pelo
hasta alcanzar de su anhelada naturaleza
los frutos más encendidos y jugosos,
y quise ser Adán en su tierra prohibida
hasta morir en el goce del dulce pecado.

Esta noche soñé con ella
y al despertar
supe que todo fue cierto,
que no hubo despertar sino vigilia
en toda la noche desvelada,
que el pálpito de corazones
es un torrente desbocado:
y ella es Sol y yo Tierra
y ella es Tierra y yo Luna,
y en su edén prometido yazgo
bajo un cielo precipitado.

Loja, 26 de septiembre de 2009


La madrugada
La madrugada se abre
a un abismo insomne.
A dónde miraré cuando el tiempo amaine.



Viene de frente
Viene de frente
-como las sombras distraídas-
sin rostro ni amparo:
un desplante a la luz
que lo proyecta y lo devora
en un silencio
-sin embargo- tormentoso.

Viene
de ser un día un nombre,
un domicilio entonces,
una respuesta,
la codicia, Dios,
una culpa,
un rastro.

Mas nada ya presagia
que hubo una mano asida
a unos pasos cardinales
o una duda razonable,
y sí, un pálpito
y una tragedia irremediable.

Cabe
en su ausencia de hombre
un íntimo
e insondable pozo
por el que embarrancan
las imágenes arrancadas
a las cuencas vacías de su mirada.

Viene de frente una sombra
que erró de destino.



Las palabras caen
Las palabras caen
-ni siquiera las pronuncio-
en este telón sin fondo
al que llamo vida.
Boca a boca las protege
su elástica esencia
de resultar desnucadas:
desusadas.

Caen huérfanas
ante el irresoluble asunto
de explicar
qué diferente fui
del que soy,
qué me trajo hasta aquí
o qué es la noche
y sus contrarios.

Nacen enajenadas
y se resisten a una luz,
una razón o un calor que no tienen
más allá
de estos versos inermes
y presuntuosos.

Son, al cabo,
sustantivos rotos
vértebras desentrañadas
de una gramática cautiva,
de un diccionario personal
escrito sobre el vacío.

Finalmente,
sucumben también
a esta gravedad innecesaria
los silencios,
ajenos, antes de esta estrofa,
a tanta palabrería homicida.



Una ola penetrante
Una ola penetrante
y clara
brotó de mis ojos sin esperarla.
Cristalina y febril bocanada
para unas pupilas aún extrañas
al rumor de aguamarinas
sinuosas entre arrecifes y playas.

Mas, lejos de enturbiar mi mirada,
topacios, turquesas,
estrellas de mar la seducen
entre la luminosa verdad de tus aguas,
por la fragante profundidad de tu alma,
hacia el litoral azul y fresco de tu cuerpo
en el que, estas, mis naves sobresaltadas,
sumergirse claman. 



Muero
¿Muero
si puedo decir aún
que ya no existo?

¿Vivo
si las palabras
se vuelven hacia dentro
cada vez que lo intento?

 ¿Cuál es el verbo?
 ¿Cuál la declinación
que afirma o niega
 a estos
mis relojes varados?



Nochebuena
Diciembre:
un año más
lloré la muerte de mi hermano,
reescribí un poema
siempre insuficiente
e innecesario
y, desolado,
me masturbé
con el recuerdo
de una mujer cualquiera.



Dejad
Dejad
que la mano del hombre
descienda sobre todos nosotros:
es sangre envenenada.


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